miércoles, 6 de mayo de 2020

6 A y B

LA HORA EN LA BIBLIOTECA

                                                                                                                                

“Quiero cuentos
Historietas y novelas
Pero no las que
Andan a botón

Yo las quiero de la mano
De una abuela
Que me las lea
En camisón”

De “Marcha de Osías”. María Elena Walsh

 

Hola chicas y chicos

Seguimos conociendo a la escritora  Elsa Bornemann y un cuento que nos traerá muchos recuerdos…

 


 Elsa Bornemann nació el 20 de febrero de 1952, en Parque Patricios, ciudad de Buenos Aires. Ejerció la docencia en todos los niveles (Inicial, Primaria, Secundario, Universidad).

 

Cuando sea grande



"¿Qué vas a ser cuando seas grande?", me pregunta todo el mundo. Y aparte de contestarles: "Astrónomo" (o" colectivero del espacio"…, porque nunca se sabe…), tengo ganas de agregar otra verdad: "Cuando sea grande voy a tratar de no olvidarme de que una vez fui chico. "

Recuerdo que –cuando aún concurría al jardín de infantes–mi tía Ona me contó un cuento de gigantes. Después me mostró una lámina en la que aparecían tres y me dijo:

–Los gigantes sólo existen en los libros de cuentos.

–¡No es cierto! –grité– ¡El mundo está lleno de gigantes!

¡Para los nenes como yo, todas las personas mayores son gigantes!

A mi papá le llego hasta las rodillas. Tiene que alzarme a upa para que yo pueda ver el color de sus ojos… Mi mamá se agacha para que yo le dé un beso en la mejilla… En un zapato de mi abuelo me caben los dos pies…

¡Y todavía sobra lugar para los pies de mi hermanita!

Además, yo vivo en una casa hecha para gigantes:

si me paro junto a la mesa de la sala, la tabla me tapa la nariz…

Para sentarme en una silla de la cocina debo treparme como un mono, y una vez sentado, necesito dos almohadones debajo de la cola para comer cómodamente.

No puedo encender la luz en ningún cuarto, porque no alcanzo los interruptores. Ni siquiera puedo tocar el timbre de entrada. Y por más que me ponga de puntillas, ¡no veo mi cara en el espejo del baño!

Por eso, ¡cómo me gusta cuando mi papi me lleva montado sobre sus hombros! ¡Hasta puedo arrancar ramitas de los árboles con sólo estirar el brazo!

Por eso, ¡cómo me gustaba ir al jardín de infantes! Allí hay mesas, sillas, armarios, construidos especialmente para los nenes.

Las mesas son "mesitas"; las sillas son "sillitas"; los armarios son "armaritos"…

¡Hasta los cubiertos son pequeños y mis manos pueden manejarlos fácilmente! También hay una casita edificada de acuerdo con nuestro tamaño. Si me subo a un banco, ¡puedo tocar el techo!

Sí. Ya sé que también yo voy a ser un gigante: cuando crezca.

¡Pero falta tanto tiempo!

Entre tanto, quiero que las personas mayores se den cuenta de que hoy soy chico, chiquito, chiquitito.

¡Chico, chiquito, chiquitito, en un mundo tan grande! De gigantes. Hecho por gigantes. Y para gigantes.

 

Del libro El niño envuelto. Elsa Bornemann. Ilustrador: Sebastián Dufour
Editorial: Alfaguara

 

Para compartir después del  cuento

 

¿Tenés presente alguna anécdota de cuando tenías la edad de este niño?

 

Si querés, podés compartirla en los comentarios…

 

 


 

 

 

Tenemos varios libros de  Elsa Bornemann en la Biblioteca Escolar “Wolf Schcolnik”

Cuando regresemos a clases podés pedirlos

 

 

 

 

 


5B

LA HORA EN LA BIBLIOTECA    

“Quiero cuentos
Historietas y novelas
Pero no las que
Andan a botón

Yo las quiero de la mano
De una abuela
Que me las lea
En camisón”

De “Marcha de Osías”. María Elena Walsh

 

Seguimos conociendo  a la escritora  Ema Wolf.

Con “Pobre Lobo” nos divertimos, ahora conoceremos a Matilde y una oveja que generó un gran conflicto.

                 


 Sabías que…  Ema Wolf nació el 4 de mayo de 1948 en Carapachay, Buenos Aires, en 1948. Se licenció en Literatura y Lenguas Modernas en la Universidad de Buenos Aires. ¡Falta poquito para su cumpleaños!

 

Cuento: LA OVEJA 99



Para poder dormirse, Matilde se puso a contar ovejas. Dentro de su cabeza se figuró un cerco de alambre tendido en el medio del campo.

Las ovejas empezaron a saltar por encima del alambre. Todas en orden, como deportistas entrenadas.

—Una, dos, tres, cuatro —las contó Matilde. Eran blancas y espumosas. Igualitas. Olímpicas. Saltaban sin equivocarse.


—Cuarenta y dos, cuarenta y tres —seguía contando Matilde y bostezaba. Hasta que algo pasó y fue a causa de la oveja 99. Cuando le tocó el turno de saltar, se paró a tomar impulso. Estaba un poco gorda. No era nada ágil.

Las ovejas que venían detrás se la llevaron por delante y perdieron el ritmo.

—¡Dale, saltá! —le dijeron.

Ella se puso nerviosa.

—¡No puedo!

Las otras protestaron.

—¡Eso te pasa por comer tanta pasta frola!

—¡Cuánto más me digan, menos voy a saltar! —se encaprichó la 99.

Después empezó con que no iba a saltar porque no se le antojaba, no porque no pudiera. Las ovejas discutieron a los gritos. Unas se pusieron de su parte, otras dijeron que era una arruinatodo. Entre dos le hicieron pie para que cruzara pero terminaron todas en el suelo.

Después quisieron pasarla empujándola por el pompis, pero les dio tanta risa que la soltaron. No había caso. No podían con ella.

Entonces una oveja fue a buscar ayuda o algo. Encontró una grúa de las que se usan en el campo para apilar bolsas de maíz.

¡Eso iba a servir!

Volvió donde estaban las otras, manejando la grúa a lo loco. Y así fue como la cruzaron: en grúa. A la 99 le encantó. Se balanceaba en el aire como un piano. Las demás aplaudían y gritaban.

Sólo que con tanto escándalo Matilde se desveló y tuvo que empezar a contar de nuevo.

—Uno, dos, tres...

Pero se le hizo largo y se durmió recién al amanecer: todas las demás ovejas quisieron cruzar el cerco en grúa.


 

Este cuento lo encontrarás en el libro “Los Imposibles” de Ema Wolf - Editorial Sudamericana - Colección: Pan flauta
.

DESPUÉS DE LA LECTURA

 

 

¿Qué te pareció este cuento?

 

Animate y escribí un comentario…


5A

LA HORA EN LA BIBLIOTECA

“Quiero cuentos
Historietas y novelas
Pero no las que
Andan a botón

Yo las quiero de la mano
De una abuela
Que me las lea
En camisón”

De “Marcha de Osías”. María Elena Walsh

 

¡Hola chicos y chicas!

Hoy comparto con Uds. una historia, en forma de poesía narrativa, contada por un abuelo especial…la disfrutamos juntos?

 

Romancillo del viejo ratón


Hay catorce lauchas
en torno a un ratón
viejo, rengo y ciego
pelado y rabón.


–Cuéntenos, abuelo,
lo que le pasó…

Y repite el cuento
que otra vez contó:


–Pito Colorín…
Pito Colorón…
Por una cocina
me paseaba yo.
Limpias las baldosas,
fregado el fogón,
no había en el suelo
ni un gramo de arroz.
La señora escoba
todo se llevó.

Pito Colorín…
Pito Colorón…

Dormida en un banco
sobre un almohadón,
una gata negra
hacía ron, ron…
Cuando el gato duerme
pasea el ratón.
Esto lo sabemos
ustedes y yo.

Pito Colorín…
Pito Colorón…

Andaba esa noche
del banco al fogón,
con mi larga cola
como un gran señor.

Pito Colorín…
Pito Colorón…

De pronto descubro
que allá en un rincón,
un trozo de queso
la escoba olvidó.
Lo que no se barre
lo come el ratón.
Esto lo sabemos
ustedes y yo.

Pito Colorín…
Pito Colorón…

Huelo, me relamo,
doy un mordiscón
y en una trampera
mi cola quedó.

Pito Colorín…
Pito Colorón…

Por comer de prisa
me quedé rabón…

La laucha más laucha
pregunta al ratón:


–¿Y la gata negra
no se despertó?
–Fue por un milagro
que no me comió.
–Este cuento, abuelo,
sirve de lección…

Pito Colorín…
Pito Colorón…

Javier Villafañe

 

Cuando volvamos a clases podes  pedir el libro de Javier Villafañe  ”El Gallo Pinto”

en la Biblioteca Escolar “Wolf Schcolnik”

 

 

DESPUÉS DE LEER LA POESíA…

 

ü  ¿SABÉS ESE DICHO POPULAR QUE DICE: “CUANDO EL GATO DUERME, LOS RATONES BAILAN”?

 

ü  ¿TE ANIMÁS A CONTAR EN LOS COMENTARIOS ALGUNA SITUACIÓN COTIDIANA EN LA CUAL SE PODRÍA APLICAR ESE DICHO?

 


martes, 5 de mayo de 2020

2°A


LA HORA EN LA BIBLIOTECA
“Quiero cuentos
Historietas y novelas
Pero no las que
Andan a botón
Yo las quiero de la mano
De una abuela
Que me las lea
En camisón”
De “Marcha de Osías”. María Elena Walsh

¡HOLA CHICAS Y CHICOS!
UN NUEVO ENCUENTRO CON LA ESCRITORA ARGENTINA
MARÍA CRISTINA RAMOS



EN ESTE BOSQUE HAY UN PERSONAJE QUE ESTÁ CAMBIANDO SUS COSTUMBRES Y SINTIENDO OTRAS EMOCIONES…
¿LO DESCUBRIMOS JUNTOS?

CUENTOS DEL BOSQUE


EVARISTO TOCABA EL ACORDÉON. VIVÍA ENTRE LAS RAMAS MÁS ALTAS DEL AGUARIBAY EN UN REFUGIO DE HOJAS SEDOSAS, ENTRE LIBROS DE PIRATAS Y ALMOHADONES DE PLUMA.
UNA VEZ CADA TRES DÍAS SALÍA A TOMAR SOL. ENTONCES SE PONÍA SUS ANTEOJOS OSCUROS, SOMBRERO DE ALA ANCHA, AHUECABA EL PLUMAJE Y LEVANTABA LA NARIZ COMO UN VALIENTE.
DE A POCO Y CON MUCHO ENTRENAMIENTO, SE HABIA VUELTO CAPAZ DE SOPORTAR LA LUZ DEL DÍA METIÉNDOSELE HASTA LOS HUESOS. ESTABA CONTENTO DE HABER APRENDIDO A SOPORTAR EL AZOTE DEL SOL HASTA TRES MINUTOS SEGUIDOS, SIN CAER ACHICHARRADO Y SIN CHISTAR. ESTO LE HABÍA ACARREADO EL RESPETO DE SUS CONOCIDOS, HABITANTES DE LA NOCHE, Y EL TEMOR DEL BICHERÍO QUE NI AÚN DE DÍA PODÍA ESTAR A SALVO DE SU VIGILANCIA.

 María Cristina Ramos
PARA DESPUÉS DE LA LECTURA…
¿POR QUÉ CREES QUE EVARISTO QUERÍA CAMBIAR LA COSTUMBRE DE SALIR SÓLO DE NOCHE?
PODÉS ESCRIBIR LA RESPUESTA EN LOS COMENTARIOS…


Este es cuento está  incluido en “Cuentos del bosque”.  María Cristina Ramos Ilustraciones de Marcela Calderón.  Neuquén.
Editorial  Ruedamares 2013

CUANDO VOLVAMOS A CLASES PODÉS PEDIR LIBROS DE CUENTOS  
DE MARIA CRISTINA RAMOS  EN LA BIBLIOTECA ESCOLAR “WOLF SCHCOLNIK”


domingo, 3 de mayo de 2020

Biblioteca 4 B


LA HORA EN LA BIBLIOTECA
“Quiero cuentos
Historietas y novelas
Pero no las que
Andan a botón
Yo las quiero de la mano
De una abuela
Que me las lea
En camisón”
De “Marcha de Osías”. María Elena Walsh

Hola chicas y chicos  de  4° “B” !!!
Seguimos conociendo a Gustavo Roldán y sus historias…
 Aquí nos cuenta: “Me crié en el monte chaqueño, en Fortín Lavalle, cerca del Bermejo, cuando la tierra era plana, la luna se posaba en las copas de los árboles y los cuentos sólo existían alrededor del fogón del asado o en las ruedas del mate”.

 

 

Y de  esos relatos escuchados, él escribió “Historia de Pajarito Remendado”

Lo podés ver…


El árbol era como una fiesta de cantos y colores. Docenas, cientos, miles de pajaritos de toda clase se juntaban para ensayar sus canciones apenas amanecía.

Y entonces el día parecía más lleno de luz y el monte se vestía de fiesta.

Ahí estaban todos los pajaritos.

Estaba el tordo pico blanco y la calandria, la torcacita y el cardenal, el siete colores y la viudita, la cotorrita verde y el hornero, la tijereta y el picaflor.

Estaban todos, y también estaba Pajarito Remendado.

Y aquí comienza la historia porque, al fin y al cabo, ésta es la historia de Pajarito Remendado.

Se llamaba así desde que una tarde, peleándolo, la urraca le gritó:

—Cra cre cri, Pajarito Remendado, cri cro cru.

Y así le quedó el nombre para siempre, porque sus plumas de distintos colores parecían los remiendos de un traje viejo.

Ese día en que el árbol era como una fiesta de colores, Pajarito Remendado se posó en la rama más alta. Y ahí, mientras silbaba a todo silbar, pasó un aguilucho y, rápido como rugido de sapo, cayó sobre Pajarito Remendado y se lo llevó por los aires.

—Ya tengo comida para mis pichones —pensó contento el aguilucho, con el pajarito apretado en el pico.

—¡Se llevan a Pajarito Remendado! ¡Se lo lleva el aguilucho! —gritaban los pájaros desde las ramas.

—¡Se lo lleva el aguilucho! —gritaba el tordo.

—¡El aguilucho se lo lleva! —gritaba la paloma.

—¡Que lo suelte, que lo suelte! —gritaba la calandria.

Muerto de miedo, Pajarito Remendado pensó que se acercaba su hora, pero los gritos le dieron una idea.

—¡Que lo suelte, que lo suelte! —seguían gritando todos.

—Señor aguilucho —dijo Pajarito Remendado—, mire qué pájaros meteretes.

El aguilucho siguió volando, pero miró con curiosidad el árbol lleno de gritos.

—Sí señor aguilucho, no puede ser que se metan en los problemas ajenos.

—¡Que lo suelte! ¡Que lo suelte! —seguían los gritos.

—¡Esto no puede ser! —dijo Pajarito Remendado— ¡dígales que qué les importa!

—¡Qué les importa! —gritó el aguilucho abriendo grande el pico.

Pero cuando terminó de hablar se encontró con el pico vacío, y vio a lo lejos que Pajarito Remendado se escapaba, riéndose a más no poder. Se escapaba, todavía un poco muerto de miedo, pero un mucho muerto de risa.


FIN
✿◕‿◕✿


Gustavo Roldán (Versión libre de un cuento folclórico)

Para releer y escribir
1.      . Ordená las letras para conocer el nombre de algunos de los pájaros que aparecen en esta historia.

GHUAILCUO: ……………………………………….
DOTOR: ……………………………………………….
LDCRNAAE: ………………………………………….
DARILANCA: ………………………………………..
NOHORRE: …………………………………………..
ZALZOR:………………………………………………..

2.      ¿Cómo te imaginás a Pajarito Remendado? Dibujalo.

3.      Anotá el nombre de los pájaros que conocés, que ves en tu jardín, en la plaza…

4.      Rodeá con un círculo los árboles que se mencionan en el texto.

lapacho / abedul / jacarandá / pino / abeto / plátano / paraíso / palo borracho / árbol de navidad / manzano.

5.      Pajarito Remendado pudo liberarse del aguilucho, escribí tres adjetivos que lo identifiquen, por ejemplo…SAGAZ

……………………………………         …………………………………..                      …………………………………


6.      Grabá un audio para enviar a la Seño Silvia, de Biblioteca, con un comentario sobre el cuento (recordá utilizar alguna de las palabras del listado de verbos y adjetivos enviados por tu Seño).





Cuando volvamos a clases podes  pedir en la Biblioteca Escolar “Wolf Schcolnik”
 el libro de Gustavo Roldán  ”Historia de Pajarito Remendado”

Biblioteca 3ro A


LA HORA EN LA BIBLIOTECA
“Quiero cuentos
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Pero no las que
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Yo las quiero de la mano
De una abuela
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De “Marcha de Osías”. María Elena Walsh

Hola chicas y chicos de 3° “A”!!!
Nos encontramos otra vez para seguir conociendo a Silvia Schujer…

¿Recuerdan algo que se les haya perdido y sea tan necesario para inventar cosas?

Aquí, la escritora Silvia Schujer nos cuenta cómo Felipe inició una búsqueda para encontrar eso que había perdido…

¡LO LEEMOS CON ATENCIÓN!

CUENTO:  “CON UN CACHITO” . Autora Silvia Schujer
A Felipe le faltaba un cachito. Buscó sobre el escritorio, debajo de la cama y dentro del ropero. Buscó sobre el ropero, dentro de la cama y debajo del escritorio. Y como no lo encontraba, salió de la pieza a pedirle a su mamá. La mamá de Felipe estaba en la cocina leyendo el diario. Con la cara que ponen las personas cuando leen el diario. Ni asá ni asé. Simplemente, así.

-¿Me podés dar un cachito? –preguntó Felipe.
-Acá no tengo –le contestó la mamá.
-¡Dale, má! ¡Dame un cachito! –insistió.
-Fijate en mi cartera, a ver si hay.

Buscó sobre el monedero, en el fondo de la cartera y dentro de la billetera. Buscó sobre la billetera, en el fondo del monedero y dentro de la cartera. Como no lo encontraba salió rumbo al patio a pedirle a su papá. El papá de Felipe estaba en el techo arreglando la antena de televisión.

-Necesito un cachito – le dijo Felipe.
-Y yo necesito un montón –le contestó su papá. Y creyendo que había dicho algo graciosísimo se puso a reír como loco y estuvo a punto de decirlo otra vez. Pero no. Cuando vió que Felipe se ponía serio, siguió arreglando la antena de televisión. Como no lo encontraba en su casa, Felipe fue a caminar por el barrio para buscar un cachito “porai”. Se paró frente a un quiosco y preguntó:

-¿Tiene un cachito?
-Sí –contestó el quiosquero.
-¿Me lo puede prestar?
-Te lo puedo vender.
-¿Y si no tengo plata?
-Si no tenés plata, otra vez será.

A Felipe le faltaba un cachito, solamente un cachito. Nada más que un cachito. Y, aunque parezca mentira, no lo podía encontrar.

Buscó entre las baldosas, debajo de sus pasos y en medio de la gente. Buscó entre paso y paso, dentro de la gente y en medio de las baldosas. Hasta que se hizo un poco tarde y decidió volver a su casa.

Fue entonces cuando un chico que pasaba en triciclo por la misma vereda por la que Felipe volvía, levantó algo del suelo y le dijo:

-Se te cayó algo.
-¿Qué cosa?
-No sé –contestó el otro-. Un cachito…

-¡Mi cachito! –gritó Felipe mientras el nene se alejaba en el triciclo.
Y cuando lo agarró y miró, y vio que era el cachito que le faltaba, pegó un salto tan alto que pensó que nunca iba a poder bajar. Pero bajó. Y pudo seguir caminando. Y llegó a su casa. Y se metió feliz en su pieza.

No se imaginan… no se imaginan la cantidad de cosas que inventó Felipe con un cachito. Apenas con un cachito.


¿Y para vos… qué era un cachito?
Si querés, podés responderlo en los comentarios…



Cuando volvamos a clases podes  pedir el libro ”Cuentos largos, medianos y flacos” de Silvia Schujer
en la Biblioteca Escolar “Wolf Schcolnik”